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Crónica del Domingo: MAS ALLÁ DE LA MUERTE

Como todos los Domingos publicamos una crónica hecha llegar a nuestro medio por, por Christian Rodrigo Nuñez La Rosa, Cronista y recopilador de Historias. para Putaendo Informa.

EN EL DIA DE LOS DIFUNTOS, VUELVEN DE LA TUMBA PARA COMPARTIR JUNTO A SUS SERES QUERIDOS.

Nuestro calendario en esta fecha nos entrega un par de feriados, primero el día 31, desde hace muy poco se celebra a las Iglesias Protestantes, el día 1de noviembre a todos los santos y sin ser feriado el día 2 se conmemoran a todos los difuntos. Pero la cultura popular ha adoptado el 1 de noviembre como la celebración a los muertos, esto quizás por al ser feriado, se tiene la posibilidad de visitar en los diferentes campos santos a los que ya partieron.

En Indonesia, el pueblo de Toraja una tribu establecida en la isla de Célebes, salen a la calle en forma masiva para celebrar en forma muy singular y estrafalario ritual. Los integrantes de cada familia desentierran a sus seres queridos que han muerto, los lavan y los visten con ropa limpia, los sientan y se fotografían con ellos. Esta tradición un poco siniestra o llamativa por decirlo menos ha llamado la atención del mundo entero.  

Durante algo más de un siglo, los habitantes de esta isla indonesia han exhumado a sus antepasados como una muestra de respeto hacia ellos. Una ceremonia que muestra la importancia de la muerte en los Toraja, que dedican buena parte de su vida a ahorrar para que su funeral sea lo más extravagante posible. En algunos casos, de hecho, los entierros se alargaron durante semanas e incluso años para que a la familia del fallecido le diese tiempo a ahorrar.

Para mantenerlo en el mejor estado de forma posible, los habitantes de la zona envuelven a sus muertos en varias capas de tela antes de enterrarlo. De la misma forma, una vez exhuman su cuerpo para el     Ma’ nene, que es como se conoce al festival en Indonesia, reparan su ataúd y se deshacen de los órganos en descomposición.

El funeral es un paso esencial en la transición entre la vida terrenal y la espiritual de los muertos. Los Toraja creen que el alma de una persona debe regresar a su lugar de nacimiento, motivo por el cual la gran ayoría decide no abandonarlo nunca para no morir lejos de su pueblo natal.

En el caso de que una persona fallezca lejos de su hogar, a menudo sus parientes acuden en su busca para traerlo de vuelta y junto a ellos para que su espíritu pueda volver a él.

La primera parte del siglo XX en nuestro país también se realiza una costumbre bastante particular, los nuevos profesionales de la fotografía eran requeridos con mucha frecuencia, la alta mortalidad infantil en la época hacia que los familiares de los bebes recién nacidos quisiesen guardar para la posteridad el recuerdo de una fotografía del angelito fallecido. Estos bebes eran vestidos con sus mejores ropas, eran adornados con flores, en algunas oportunidades eran tomados en brazos por sus padres o puestos con sus hermanitos a modos de retratos. De hecho, los funerales de las pequeñas criaturas eran una verdadera fiesta, con mucho para comer y beber, bailes, canciones y mucha alegría. Lo único prohibido de estos velorios era llorar, la creencia establecida era que el niño fallecido sería un angelito que cuidaría y velaría por toda la familia, es por eso que se colocaba en un lugar estratégico dentro de la casa a modo de observar toda esta tremenda fiesta en su honor, en comparación a los velorios de los adultos que entre más llanto que existiese mejor era el difunto, es por eso que se contrataban lloronas profesionales que tenían como función llorar y sollozar demostrando un tremendo dolor durante toda la velada.

Una de las fiestas más conocidas a nivel mundial dedicada a los muertos es la que se realiza en México, las familias preparan un altar donde colocar fotos del difunto, además de incluir frutas, comidas y el licor que le gustaba al ser querido generalmente vino, tequila o cerveza. El camino se llena de flores de color amarillo, con un intenso olor que hace posible el retorno de los difuntos hacia su hogar. Esta fiesta es antiquísima y es desde antes de la llegada de los españoles a américa.

Mientras tanto que la fiesta de Halloween tiene su origen el Irlanda, esta celebración Celta se ha hecho muy popular en Estados Unidos y desde allí ha sido exportada a todo el mundo, esto dado en gran medida por toda la industria de las series y películas norteamericanas. La fiesta original era celebrar el fin de la temporada de cosechas, en ella se creía que los muertos se mezclaban con los vivos y al final de la festividad en las casas se colocaban en las ventanas velas prendidas para que los visitantes del más allá regresaran a sus nuevos hogares. Lo de los disfraces y dulces es un aporte netamente norteamericano y su origen es el siguiente. Entre todos los muertos que salían a deambular por la ciudad existía uno especialmente malvado llamado Jack O´lantern que iba por las casas pidiendo “truco o trato”. Según la tradición, lo mejor era hacer trato sin importar lo que costase con tal de no caer en su truco, que consistía en maldecir la casa y a sus habitantes que sufrirían toda clase de infortunios desde ese momento.

Aunque la traducción «truco» en castellano por el inglés “trick” y “trato” literalmente por “treat”, en el caso del “Trick-or-treating” se ha generalizado, no es un truco en el sentido estricto sino un susto o una broma, por lo que una traducción más exacta sería, por ejemplo, «susto o dulce» o «travesura o dulce». Lo de la calabaza con una vela en su interior también tiene su historia, esta incluye al mismo demonio. Protagonista de una famosa leyenda irlandesa, Jack el Tacaño tenía el alma tan negra que el propio diablo disfrazado de hombre fue a comprobar si de verdad existía alguien así. Tras ir hasta el pueblo de Jack y beber durante largas horas con él el demonio le reveló su identidad.

Cuando Lucifer le comunicó que debía llevárselo para que pagara por sus pecados Jack le propuso una última ronda y el diablo se la concedió. Como ninguno podía pagarla, el Tacaño le reto al malvado a que demostrar sus poderes convirtiéndose en una moneda. Una vez hecho, Jack cogió al demonio y lo metió en su bolsillo junto a un crucifijo de plata. Con el diablo en el bolsillo, Jack hizo prometer le hizo prometer que si le liberaba no volvería a molestarle en un año y así fue. Transcurrido ese tiempo Lucifer volvió, pero Jack le pidió entonces que cogiera una manzana situada en lo alto de un árbol para disfrutar una última comida antes de su tormento eterno.

Cuando el maligno estaba en lo alto del árbol, Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar y le exigió no ser molestado en 10 años y que nunca volviera a reclamar su alma para el inframundo a cambio de liberarle. Aunque el trato fue bueno, Jack murió antes de esos diez años y llegado a las puertas de San Pedro este no se le dejó pasar por su mal comportamiento en vida. De allí fue enviado al infierno, donde como consecuencia del pacto firmado con el diablo tampoco podía entrar. Todavía enfadado con él, Lucifer arrojó a Jack unas ascuas ardientes que el granjero atrapó con un nabo hueco que usó de linterna. Condenado a deambular por los caminos entre los reinos del bien y el mal y sin más luz que su linterna, Jack el Tacaño empezó a ser conocido como Jack el de la Linterna o “Jack of the Lantern”

En este 1 de noviembre, por lo pronto recordemos a nuestros seres queridos que ya no están junto a nosotros y simplemente nos han adelantado en este viaje.

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