“Por un Chile Mejor”: El impacto que podría traer la minería en Putaendo

“Por un Chile Mejor”: El impacto que podría traer la minería en Putaendo

*Por Franz Kauffmann, investigador social Universidad de Buenos Aires. Un joven putaendino

Actualmente pueblos del Valle del Aconcagua como Putaendo, encuentran amenazada su calidad de vida por las fuerzas neocolonizadoras canadienses, que -a través de la minería-vienen por todo: por nuestros recursos, por nuestras vidas y sobre todo para destruir la historia de nuestro pueblo. ¿Qué va ser de nuestra preciada agua? Si siguen avanzando con sus mega proyectos van a contaminar el agua que bebemos, imprescindible para la vida. Si contaminan el agua nos contaminan a todos, nos traerán enfermedades que antes ni siquiera se mencionaban. El bucólico Valle, se convertiría en un lugar seco, con un corazón debilitado por los ataques de la contaminación.

Muchos han sido seducidos por la “prosperidad” que trae la minería en las zonas donde se lleva a cabo, por el aumento de la creación de empleos directos e indirectos, pero a un costo social y ambiental alto.

Actividades como la minería intensifican la liberación de arsénico. El arsénico está clasificado por el Ministerio de Salud de Canadá dentro del Grupo 1 de la Lista de Sustancias de Interés Prioritario, debido a su carácter venenoso y porque es una causa del desarrollo de cáncer en los humanos.  En el proceso de fundición se generan desechos llamados escoria, algo así como vidrio quemado que contiene sustancias tóxicas.

El arsénico como se explicaba anteriormente, es cancerígeno al ingresar al organismo mediante el consumo de alimentos contaminados; provoca disminución de glóbulos rojos y blancos, daños hepáticos y renales, daños a nivel sistema nervioso, toxicidad cardiovascular, además de peligros de sufrir aborto espontáneo y complicaciones del embarazo. La exposición prolongada a bajas concentraciones de arsénico en el agua que se bebe causa queratosis (lesiones duras en la piel) y puede derivar en casos de cáncer de piel, de pulmón, de vejiga y de riñón.  Hoy en día muchas personas se encuentran potencialmente expuestas al arsénico, dado que utilizan reservas de agua contaminada con dicho elemento químico.

En nuestro país una de las regiones emblemáticas de la minería es Antofagasta, donde el ingreso per cápita es mayor al de la media de Chile, pero la esperanza y calidad de vida de sus habitantes ha disminuido. En la región, la mortalidad por cáncer de pulmón duplica a la media nacional (34.7 casos cada 100,000 habitantes versus el 16.1), con una alta incidencia también de cáncer de vejiga y piel.

“Trabajos periodísticos e informes como el del Consejo de Asuntos Hemisféricos y el del Grupo de Trabajo sobre Minería y Derechos Humanos en América Latina,  han mostrado que empresas canadienses dañan el medioambiente, fuerzan desplazamientos de personas, ignoran la voz de comunidades autóctonas, intentan influir en el diseño de leyes nacionales y apoyan la criminalización de la protesta social”, aseguraba en una columna editorial del New York Times el comentarista mexicano Jaime Porras Ferreyra.

Por último y para reflexionar, cabe destacar que cuando llegan las compañías mineras a instalarse en determinados territorios, son rechazadas por las comunidades por ser consideradas “hostiles” -es innegable la contaminación y muerte que traen consigo-. Ante dicha situación generan un discurso de compromiso con la ciudadanía y el medio ambiente, dicen que su forma de explotación minera es “limpia” dado a las nuevas tecnologías que utilizan. También prometen un desarrollo sustentable para la comunidad, pero finalmente nada de lo que afirman se cumple. Si, por ejemplo, un pueblo les pone trabas para la implementación de su proyecto, van a buscar otras formas intimidatorias o violentas para llevar a cabo sus planes. Para que esto no suceda las comunidades tienen que unirse y luchar por aquel medio que les interesa preservar para las futuras generaciones.

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